Ese letrero que tanto aborrezco se colgó en mi casa de Gijón hace algún año, cuando se cambió la portezuela de entrada al edificio. Aquí no hay letreros, pero las soluciones me convencen aún menos. Allí en Gijón al menos la altura del vallado del edificio se podía saltar casi hasta a pies juntos y sin carrerilla y la puerta de acceso se abre sólo con girar la manilla. Aquí donde vivo la grandísima mayoría de edificios exhibe vallas y compite en su longitud, altura, complejidad... Incluso hay parques con juegos y bancos ya instalados que permanecen vallados, o solares con sólo arena y ni el más mínimo signo de inicio de una obra con su buena dosis de alambre alrededor. Muchos edificios se construyen por aquí con un cierto voladizo que en principio debería dar aire al conjunto pero que se cierra herméticamente al exterior haciendo la sensación más agobiante que si hubieran continuado la fachada recta hasta el suelo. Por supuesto ya ni menciono los tremendos barrotes en cualquier ventana a menos de 4 metros del suelo, el caso particular de un edificio-jaula etc.
Qué gusto cuando en Semana Santa vamos al pueblo de mi padre y la casa está todo el día abierta para que entre quien sea.
Ah, y si algún día mi hermano y yo cumplimos lo planeado ya os ensañaré aquí la dichosa placa, desatornillada y "secuestrada" para que no vuelva a afear mi antigua casa.
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