He tardado un poco en enterarme, porque no estaba en el zapato ni cerca, pero los Reyes me dejaron otro regalo: no encontrarme con espinas en el pescado.
Hasta ahora siempre había sido todo un especialista. Sonará a pitorreo, pero me he encontrado espinas incluso en una barra de pan y en una lata de paté (y era paté de cerdo, no de salmón). Todo tiene explicación, eso sí, y es que tanto en un caso como en otro confesaron usar harinas de pescado que cuestan dos perronas pero obviamente no son ni la mitad de sanas que la de trigo.
Pues bien, el otro día comiendo le tocaron todas las espinas a mi hermana y mi madre, a mí sólo una pero de las que se ve antes de meter en la boca, así que sólo tuve que apartarla. Hay que decirlo, qué gustito poder comer pescado tranquilo por una vez.
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1 comentario:
vaya suerte!! yo encuentro todas las espinas siempre también..
y enhorabuena por el 100/100!!
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