Lo de que cada uno somos de nuestra madre y nuestro padre está claro, pero que nuestra madre y nuestro padre también a veces no lo vemos. Hasta que vienen a casa de visita.
Es increible la variación que el concepto de orden o limpieza puede tener, especialmente entre generaciones. Y lo difícil que es cuando uno tiene su orden A establecido y de repente y sin avisar se instaura un orden B en casa y ya no encuentras nada, piensas en la basura o el reciclaje y... bingo tantas veces.
Madres del mundo (digo madres porque normalmente los padres son ajenos al concepto orden o limpieza o simplemente se escaquean y dejan que se ocupe la madre), sabed que las nuevas generaciones nos encariñamos de cosas (recortes de periódico, catálogos del Ikea o cualquier otra tienda, zapatillas viejas, ropa agujereada y/o desteñida...) que para vosotras no valen un pimiento o más bien, son un estorbo en casa. Sé que os duele ver esas cosas por ahí rondando, pero si hace falta se organiza una colecta mundial para iniciar la investigación sobre unas gafas inhibidoras de visiones incómodas porque a nosotros nos gusta como está.
Besos a todas las madres, que a pesar de todo sabemos que lo hacéis con buena intención.
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